La historia del ciclo
Lo que no es tradición es plagio
El viejo adagio se aplica perfectamente a las conferencias Lucas Lara. Su origen estuvo en la traslación espacial, de Boston a Granada, de una actividad desarrollada por la Universidad de Boston en colaboración con The Boston Globe, el periódico local de mayor tirada. La iniciativa consistía en que, algunas noches de viernes, el Departamento de Astronomía abriera sus puertas al público, que asistía a una conferencia divulgativa y, posteriormente, subía a la azotea de la universidad para disfrutar de las maravillas del cielo desde una pequeña cúpula que albergaba un telescopio. Si esta iniciativa había superado las perpetuas y desmesuradas inclemencias de la meteorología bostoniana, ¿qué no se podría hacer en Granada, donde, salvo unos días señaladitos, la bondad del clima y la claridad del cielo invitan a vivir en la calle?
Chema Torrelles y quien suscribe copiamos íntegramente el proyecto y, a nuestra vuelta, se lo propusimos a la dirección del IAA, encabezada entonces por Rafa Rodrigo. Así, en 1996 se inauguraba el ciclo de charlas públicas del IAA y, en 2002 o 2003 —no recuerdo bien el año—, algunos granadinos subían a la azotea del IAA para mirar por primera vez el cielo a través del telescopio PETI. Se atribuye a Lucas Lara el apodo con el que se conocía este instrumento: «PEqueño Telescopio del Instituto».
Nuestro «Boston Globe», el IDEAL, también se unió a la fiesta. Cuando uno plagia, tiene que hacerlo sin complejos. Antxón Alberdi, el cómplice necesario que se incorporó al proyecto desde el inicio, la periodista María Victoria Fernández, de IDEAL, y yo nos reuníamos alguna tarde al mes en las instalaciones del periódico para entregarle el artículo de la conferencia anterior y el anuncio de la siguiente. Nos divertía sentarnos a su lado y ver cómo maquetaba la página. Sí, en una primera época se pedía al conferenciante un artículo sobre su charla y, si no lo entregaba o no llegaba a tiempo, nos tocaba escribirlo a nosotros. Demasiado trabajo. Cuando María Victoria cambió de sección, vimos la oportunidad de cambiar de estrategia.
El resto ya lo conocéis. Llegaron Emilio García y Silbia López Lacalle, y la comunicación científica se incorporó como una actividad más del IAA. Se creó la revista IAA (Información y Actualidad Astronómica) y Emilio G. y Silbia, con b, montaron una de las unidades de comunicación científica más exitosas del país, incorporando diferentes lenguajes, ampliando el público receptor y generando unos contenidos que se han convertido en referentes en el mundo de la comunicación.
Pero contar una historia alrededor de un fuego tribal sigue siendo una de las formas más genuinas y ancestrales de la cultura. Las mitologías, las religiones, los mitos, la filosofía y la literatura —la humanidad misma— se forjaron alrededor de ese fuego. Y ahí, la palabra, ese don sagrado que les robamos a los dioses, se nos manifiesta como protagonista única: el conjuro, la hacedora de la magia.
Los astrónomos desentrañamos el lenguaje de los objetos celestes: la luz que irradian. Después nos reunimos alrededor de ese fuego y contamos, de viva voz, la historia que hemos descifrado. Seguimos un instinto atávico: sentarnos en compañía y relatar lo que hemos visto fuera de los márgenes de la tribu. Me gusta pensar que, en este club —las Lucas Lara—, fraguamos entre todos la luz hablada.
Los indígenas de Tahití llamaban a Robert Louis Stevenson Tusitala, «el que sabe contar historias». Stevenson escribió: «Solo pido el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies». Creo que no hay mejor manera de desearle una larga vida a las Lucas Lara.
Emilio Alfaro. Director del ciclo "Lucas Lara"